28.3.12

Me levanto. Como siempre, intento despertar rápidamente, y hago todas esas cosas que se debe hacer antes de salir de casa. Me lavo, me alimento y de repente ya estoy preparado para el mundo.
Pues no, en mi opinión nunca está uno del todo listo para el mundo.

Salgo de casa, con rumbo fijo, a la universidad, a luchar por mi futuro.
Solo que no pasa eso, asisto a clase, pero lo único que saco en claro es que estoy solo rodeado de gente, que todo a mi alrededor está vacío.
Hablo con la gente, y según con quien lo haga me aumenta esa sensación o se desvanece.

Pero de lo malo, siempre hay alguien que merece la pena.
Lo peor de la gente es que se empeña en tener todo el mundo algo bueno.
Y mis teorías sobre lo que me espanta de ellos se quedan cojas.

Pasa ya la mitad del día y llega mi momento, cojo el autobús de vuelta y según me bajo en mi parada me espera esa sonrisa, y de pronto todo eso ya no me importa por hoy, ya soy yo, ya soy feliz.

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